Una traducción de un documento, no tiene por qué ser una mera traducción simple. Por regla general las traducciones se dividen en 2 tipos. Traducciones simples, las que pueden estar hechas por cualquier traductor, aunque nosotros siempre recomendamos traductores titulados y con experiencia a la hora del encargo. Traducción jurada, que son aquellas hechas o elaboradas por un traductor jurado.

 

Traducción jurada legalizada

 

Para que una traducción jurada esté legalizada, en territorio español basta con que esa traducción esté realizada por un traductor jurado con su correspondiente firma y sello que certifique la autenticidad de que dicho traductor jurado es efectivamente un traductor jurado oficial.

Pero, ¿qué ocurre en los casos que debemos legalizar una traducción jurada, hecha por un traductor jurado, cuando dicho documento tengamos que presentarlo en el extranjero?.

En estos casos, para asegurar la autenticidad y garantizar jurídicamente el documento, dicha traducción jurada suele estar acompañada de la Apostilla de la Haya. Es una legalización o bien diplomática o bien consular.

 

La Apostilla de La Haya

 

La Apostilla de La Haya es un sello que acompañará al documento y que suele poner el Colegio de Notarios. Sirve para autentificar y dar validez jurídica al documento. Después de conseguir este sello deberemos pedir una traducción jurada, con el fin de traducir de forma jurada el documento. La Apostilla de La Haya garantiza la autenticidad del documento en sí. Posteriormente hay que legalizar la firma del traductor jurado en el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación.

La Apostilla de la Haya es válida para los países firmantes del convenio de 1961 (Convenio de La Haya): Alemania, Andorra, Antigua y Barbuda, Argentina, Armenia, Australia, Austria, Bahamas, Barbados, Bélgica, Belice, Bielorrusia, Bosnia, Herzegovina, Botswana, Brunei, Darussalam, Bulgaria, Chipre, Colombia, Croacia, Ecuador, El Salvador, Eslovaquia, Eslovenia, España, Estados Unidos de América, Estonia, Federación de Rusia, Fidji, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Irlanda, Isla Marshall, Isla Mauricio, Israel, Italia, Japón, Kazajstán, Lesotho, Letonia, Liberia, Liechtenstein, Luxemburgo, Macedonia, Antigua República Yugoslava, Malawi, Malta, México, Namibia, Niue, Noruega, Países Bajos, Panamá, Portugal, República Dominicana, Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, Rumanía, San Cristóbal y Nieves, San Marino, Seychelles, Sudáfrica, Suiza, Surinam, Swazilandia, Tonga, Turquía, Ucranía y Venezuela.

 

Algunos requisitos especiales en las traducciones

 

En ocasiones y dependiendo del país u organización que nos esté pidiendo el documento o la traducción jurada, podrán exigirnos que dicha traducción jurada y la firma del traductor jurado tengan validez notarial. Es decir, que un notario garantice la autoridad de la firma del traductor jurado y su autentificación.

Estos casos, suelen procesos de autentificación más largos en tiempo. Ya que el traductor jurado debe presentarse ante el notario con su documento de identidad y certificación que le acredite como traductor jurado. Así como la traducción jurada realizada para que el notario pueda dar fe y se pueda legitimar la autentificación de la traducción jurada.

 

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Alexia
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