La traducción en cadena, también conocida como traducción indirecta, es aquella traducción entre dos lenguas que utiliza una tercera lengua como intermediaria. Por ejemplo, si traducimos un texto del japonés al inglés y del inglés al español, estaremos haciendo una traducción indirecta. Las lenguas que nos interesarían en este caso serían el japonés y el español. Pero estaríamos utilizando el inglés como lengua intermediaria. ¿Por qué?

La traducción en cadena es muy útil para poner en contacto culturas completamente separadas cuando no hay traductores profesionales con la combinación lingüística requerida. Mientras no exista solución mejor, es un buen recurso para enlazar dos culturas separadas por un enorme vacío cognitivo. Pero esta solución viene también acompañada de sus propios inconvenientes.

Como tantas veces hemos dicho, la traducción también pretende lidiar con las diferencias culturales reflejadas en textos de distintas lenguas. Si esto es así, no podemos en ningún momento pasar por alto las implicaciones de las culturas con que trabajamos. El traductor debe conocer muy bien las culturas entre las que está mediando.

Por ello, si no hay traductores que dominen las diferencias de japonés a español, por ejemplo, ya empiezan los problemas. Se entiende que todo profesional de la traducción conoce su trabajo y que toma sus decisiones con conocimiento de causa, claro. Pero traducir no es fácil y la toma de decisiones en casos ambiguos nunca es gratis. Al formar parte de una cultura diferente, es sumamente complicado que una traducción recoja absolutamente todos los matices del texto original. Por algo los italianos dicen aquello de «traduttore traditore». Es algo que ocurre a menudo, incluso con las traducciones directas.

Imagínense entonces cómo se complica la cosa en el caso de las traducciones en cadena. El traductor que va a llevar el texto a la cultura española tendrá en cuenta el original que se le proporciona. Es decir, el inglés. El texto español será el resultado de la interpretación que el traductor haga del texto inglés. Pero el texto inglés es a su vez la traducción de un texto en japonés. Si el traductor responsable del texto en español no conoce en absoluto la lengua y la cultura niponas, posiblemente carecerá de información suficiente como para interpretar correctamente el texto inglés que tiene entre manos. Esto dará lugar a errores de traducción y falsos sentidos que afectarán a la comprensión del texto por parte de los receptores meta.

Así pues, es muy recomendable que no se recurra a la traducción en cadena por el mero hecho de reducir costes. El resultado pude salir muy caro. Con la traducción directa es más fácil evitar errores. Y, en caso de que no sea factible la traducción directa con la combinación lingüística deseada, el traductor deberá tener en cuenta cuál es realmente el texto original y documentarse aún más para evitar errores, aunque utilice otra lengua como intermediaria.